Lección

Rotura del tendón de Aquiles

Las roturas del tendón de Aquiles son bastante comunes. A lo largo de las últimas décadas, la incidencia de roturas espontáneas ha aumentado, lo que podría deberse a un aumento en el número de personas de la población general que hacen ejercicio habitualmente. Las roturas son más frecuentes en pacientes (principalmente hombres) de entre 30 y 50 años.5 Aproximadamente el 75 % de las roturas del tendón de Aquiles se dan durante la práctica de actividades deportivas, especialmente en deportes de raqueta, fútbol y balonmano.16

Hay disparidad de opiniones sobre las causas de las roturas espontáneas del tendón de Aquiles. Se han planteado algunas hipótesis, como una vascularidad insuficiente del tendón, el efecto adverso del uso de corticoides y fluorquinolonas, o la hipertermia causada por el ejercicio en un tendón relativamente avascular. También se han propuesto factores mecánicos como la sobrepronación del pie al apoyar el talón, errores en el entrenamiento o un mal funcionamiento o supresión de la propiocepción del músculo esquelético. Desde un punto de vista histológico, la rotura espontánea del tendón de Aquiles puede mostrar degeneración de las fibras cercanas al lugar de la rotura. También se aprecia una disminución del diámetro y la densidad de las fibrillas de colágeno. Sin embargo, hay pocos datos sobre la respuesta de curación insuficiente. Las causas son probablemente multifactoriales.15

 

Antecedentes

El diagnóstico suele basarse en la exploración clínica y no en las pruebas por imagen. Entre los mecanismos de lesión encontramos la realización de un movimiento rápido para levantar el talón del antepié que carga el peso con la rodilla estirada, una flexión dorsal inesperada del tobillo o una flexión dorsal violenta de un pie que se encontraba en posición de flexión plantar. Los pacientes refieren dolor repentino e intenso en la porción media del tendón de Aquiles y a menudo comentan que pensaron que alguien les había golpeado o pegado una patada en el talón.

 

Exploración

Durante la exploración clínica, se observa una pérdida de la postura normal de reposo del tendón de Aquiles. Además, se percibirá un hueco en el tendón. También se utiliza la prueba de presión de la pantorrilla, la denominada prueba de Thompson.

Una evaluación del tendón de Aquiles en posición de reposo, junto con la palpación y la prueba de Thompson (prueba de presión) debería ser suficiente para obtener este diagnóstico.

Pruebas complementarias

Si aún existen dudas acerca del diagnóstico, el siguiente paso es realizar una ecografía del tendón y su inserción. Esto puede resultar engañoso ya que es difícil distinguir entre una rotura parcial del tendón y una completa. En estos casos, la IRM es una opción más fiable.

 

Tratamiento

No existe un consenso generalizado sobre cuál es el mejor tratamiento para la rotura del tendón de Aquiles. La cuestión principal es intentar conseguir que el tendón recupere su extensión normal. Esto puede lograrse con la inmovilización en posición de equino o por medio de una reparación quirúrgica. Normalmente, en deportistas de élite se recurre al tratamiento quirúrgico, a pesar de que en los últimos años se han hecho comunes las técnicas percutáneas. El tratamiento conservador puede ser una alternativa adecuada para aquellos que padecen comorbilidades o en pacientes que no quieran someterse a una cirugía. Algunas revisiones sistemáticas recientes han concluido que el enfoque quirúrgico tiene un índice más bajo de repetición de la rotura, pero que debe tenerse en cuenta junto con los riesgos asociados a la cirugía (p. ej., complicaciones en hasta un 30 % de los pacientes).17 Otras posibles desventajas del tratamiento no quirúrgico son la reducción de la fuerza en flexión plantar y menor resistencia en comparación con pacientes sometidos a cirugías de reparación de tendones.18

Obtenga más información sobre el programa de rehabilitación posoperatoria utilizado en el Hospital Aspetar de Traumatología y Medicina Deportiva. Este programa también es de relevancia para aquellos que han recibido un tratamiento no quirúrgico.

Si su paciente no desea someterse a una cirugía —o si esta opción no está disponible—, considere el uso de este programa de rehabilitación acelerada.